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Ernesto Villegas se opone a la “chepacandelización” del
periodismo político.............................................................................
“La alternativa a la histeria mediática antichavista no es un periodismo de
alabanzas y consignas”.
Igor Molina
Está concentrado en su escritorio, revisando unas fotos
milagrosamente salvadas del huracán del olvido —sobras de algún archivo
oficinesco-, en las que aparece su legendario padre, el dirigente sindical
comunista Cruz Villegas, en la Plaza Roja de Moscú, en una asamblea de la
CUTV, en un mitin con sombrero pelo e’guama. Las fotos han adquirido ya el
tono sepia de los recuerdos muy antiguos pero en ellas palpita un trozo de
la vida familiar de Ernesto Villegas, uno de los integrantes de la casi
mítica troika de hermanos dedicada al periodismo. “Pasa” dice suavemente.
“Siéntate”. En medio de esa oficina prestada en la que apenas paga
secretaria y condominio, en la que la luz del sol no entra y todo respira un
aire de claustrofobia, la estrella de la mañana de VTV analiza por estos
días la terrible denuncia lanzada apresuradamente en la Asamblea Nacional
por las dos bestias negras del antichavismo visceral, Mario Silva y Eva
Golinger, en la que se reveló el intrincado entramado de organismos
gubernamentales norteamericanos cuya misión es captar periodistas
venezolanos—invitaciones de viaje mediante— a fin de insuflarles,
lógicamente, el punto de vista de los EEUU sobre éste u otro tema. La
libertad de expresión, por ejemplo. ..bajo el gobierno de Chávez. La
denuncia del dúo ha producido un escándalo que fue rápidamente banalizado
por los periodistas ¿incriminados? Pedro Luís Flores, presentador de
noticias de Globovisión, la tildó de “risible”. Otros la consideraron
“precaria y prejuiciada”. Incluso Desiree Santos Amaral, dirigente gremial
del CNP y segunda vicepresidenta de la Asamblea Nacional, se opuso a la
interpelación de los periodistas cuestionados. Más allá de las
interpretaciones acerca de la validez de la denuncia, lo cierto es que tocó
un punto muy sensible en la actual escena mediática venezolana. ¿Hasta que
punto puede llamarse independiente un periodista que acepta invitaciones de
un gobierno hostil? La mesa está servida para la discusión. Alguien negado
para el exceso y la histeria, y —contrariamente— ganado para el equilibrio y
la mesura, toma la palabra. El mismo recibió una de las criticadas
invitaciones del Departamento de Estado, la cual...no aceptó.
La denuncia de Golinger y Silva sugiere que esos 33 periodistas
venezolanos son tarifados por el Imperio. ¿Ello no toca, precisamente, un
punto álgido del periodismo venezolano como es el cáncer del palangrismo?
¿Álgido?
Sí. Lo que está en el fondo de la discusión es el poder del dinero
sobre los periodistas.
Estoy a favor de la transparencia y de que la gente común y corriente
sepa que a los periodistas los invitan a fiestas, almuerzos, viajes, les
hacen regalos en diciembre y el Día del Periodista y que ninguno de esos
gestos es desinteresado. Estoy feliz de que se discutan esas interioridades
de la relación entre periodistas y las fluentes. Ahora bien, a alguna dama
pueden invitarla a almorzar con intenciones de horizontalizarla, pero que
ella acepte ir al almuerzo no significa necesariamente que termine
acostándose con el tipo. Muchos, incluso, pierden la plata. Lo
inaceptable es que ella diga después que no sabía que ese almuerzo tenía una
intencionalidad. Eso lo dirán sólo las que se chupan el dedo o las que
creen que los demás son tontos. Esa es la cuestión. Los periodistas que
aceptaron la invitación de los EEUU afirman que no volvieron convertidos en
agentes de la CIA Como nadie que vaya a un seminario en La Habana va a
regresar convertido en agente cubano Bueno, si alguien va a La Habana
parte de la premisa de que ese régimen no le desagrada demasiado. Yo
estuve en Cuba en el 77. Tenía 7 años. Me llevó papá. Y volví en el vuelo
inaugural de Aeropostal desde Santiago de Cuba, y entre otros periodistas,
allí venia Patricia Poleo. Lo que creo es que este debate está trancado,
entrampado en unas premisas endebles.
¿Cuáles? La más importante, la suposición de que la actitud
política de un periodista obedece estrictamente a razones crematísticas. Hay
periodistas chavistas que lo son por convicción y no porque les paguen un
sueldo. Y hay periodistas escuálidos que lo son, no porque reciben un pago
de la CIA, sino porque aborrecen lo que yo defiendo. Seguramente hay
mecanismos para la compra de conciencias y poderosos intereses económicos
detrás del antichavismo mediático. Pero no son esos viajes y becas los que
lo explican. Yo se que para muchos el antichavismo es tremendo negocio. Pero
yo pongo el foco en los millones de dólares que eso representa para dueños y
directores de medios de comunicación y no en las burusas que caen de la mesa
para los periodistas. Aquí hay dueños de medios que no necesitan una beca
para viajar a Estados Unidos y a quienes los recibe el propio Mister Danger.
El problema no son los dueños de los medios. Ellos no escriben. El
problema son los periodistas que reciben oleadas de invitaciones para
infiltrar en sus conciencias los valores de otra sociedad, particularmente
la norteamericana. Y las aceptan gustosos. Eso es verdad pero esos
valores los tenemos aquí mismito, en nuestra cultura de masas, en las modas
y aspiraciones. De lo que yo me he demarcado es de la presentación de esos
viajes y becas como mi gran descubrimiento, cuando eso es una práctica
conocida frente a la cual sucumbe el que quiere sucumbir. Si es un gran
descubrimiento...para el gran público, al que los periodistas de oposición
le han vendido la fachada de que son periodistas “independientes”. Si yo
fuera cardenal, la última congregación en la que me gustaría estar sería la
Congregación para la Doctrina de la Fe. Esta conversación me incomoda porque
me parece que estás juzgando moralmente a los periodistas, y no analizas el
tema desde el punto de vista político. Con Roberto Giusti yo tengo
discrepancias pero no creo que él hace lo que hace porque se esté metiendo
un billete. Es el mismo respeto que pido para mi propia posición. Me opongo
a la banalización de la política, a su “chepacandelización”, porque si no
bastaría con pagarle más y traérnoslo para nuestro lado. A mi me pueden
ofrecer un millón de dólares para trabajar en Globovisión y no me voy para
esa vaina. Ya a los 33 periodistas no los van a interpelar en la Asamblea
Nacional. Tuvieron miedo del escándalo. Estoy de acuerdo en que se
investiguen las denuncias de Eva Golinger y Mario Silva, que no se desechen
de antemano como algunos pretenden. Para saber si tienen fundamento hay que
investigarlas. Lo lamentable es que fueron hechas disparando primero y
averiguando después, en un estilo propio del periodismo antichavista que
hemos tenido en estos años. Se da la paradoja de que, entre los 33
periodistas que alguna gente ya etiquetó como “palangristas”, hay unos que
ni siquiera viajaron, como Gioconda Soto que está enferma. No se puede meter
en un mismo saco a Gioconda, que la invitaron pero no fue, y Andrés
Cañizales a quien la NED (National Endowment For Democracy) le paga el
alquiler de su oficina del Instituto Prensa y Sociedad en el Hilton, además
del sueldo y los tickets del estacionamiento, y quien vive haciendo informes
sesgado contra el gobierno, los cuales tienen osteoporosis metodológica, es
decir, que no aguantan una zarandeada y se derrumban como galletas de soda.
Aquí lo que ha pasado es que la carga se invierte y el que no viajó debe
demostrar que no lo hizo, ante una Asamblea Nacional que no tuvo cojones
para interpelar a los dueños de los medios por el golpe de abril.
¿Te opones a criminalizar el fenómeno de las invitaciones a
periodistas porque tu mismo fuiste invitado por el embajador norteamericano?
Esa no es mi razón. Es una cuestión de principios. Yo fui invitado a un
programa de visitas a EE. UU el 27 de noviembre del 2002. Faltaban 3 días
para el paro. Y les respondí diplomáticamente en febrero del 2003,
declinando viajar porque ese gobierno es hostil al de mi país y al que yo
respaldo. Pero no aspiro que todo el mundo tenga mis razones para no
hacerlo. Otros tendrán razones para aceptar corriendo esas invitaciones
Sí. Aquí hay quien defiende los intereses imperiales de gratis.
Mientras entrevistabas a Eva Golinger en tu programa, un televidente te
llamó “ingenuo”. Me dijeron que por YVKE Mundial alguien me llamó
“escuálido”. Y leí un artículo de Eva Golinger que entrecomilló la palabra
“revolucionario” al referirse a quienes han cuestionado la forma, más no el
fondo, de su denuncia. No se si estaba pensando en mí. Parece que sí
En estos años se me ha puesto el cuero duro. Me angustia, sí, que la gente
común y corriente no entienda mi posición.
¿Eres un chavista light? A mi papá, que fue un dirigente comunista
que sufrió prisión, confinamiento en el Amazonas, torturas, persecuciones y
murió creyendo en sus ideales, lo llamaban “agente soviético”. No podían
entender que era marxista-leninista y creía en eso. Se me parece a esa
acusación de agente de la CIA para todos aquellos que forman parte de ese
ejército antichavista que hay en los medios. No has respondido. ¿Eres
chavista light?
- El único que puede saber eso es Chávez, que es el dueño del apellido. |